La muerte racional y voluntaria, que es lo que Ramón Sampedro reclamaba y supongo que también Chantal Sebire, debería de ser un derecho inalienable, dónde la última voluntad sea de la propia persona y no del Estado. El derecho a la vida deja de ser tal cuando el Estado o cualquier otra forma institucionalizada impide que éste se lleve a cabo libremente, porque siendo así el derecho se convierte en una obligación.
En el árticulo 15 de la Constitución se puede leer:
Art. 15
Todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral, sin que, en ningún caso, puedan ser sometidos a tortura ni a penas o tratos inhumanos o degradantes. Queda abolida la pena de muerte, salvo lo que puedan disponer las leyes penales militares para tiempos de guerra.
Como se puede leer el derecho a la vida está reconocido por la Constitución, y la pena de muerte queda abolida salvo que se declarase un conflicto bélico en el Estado, en ese caso estamos obligados a renunciar a ese derecho en pro del bien colectivo.
Cuando una persona reclama el derecho a morir habrá que ver en primer lugar si esta petición no atenta contra los intereses sociales (del mismo modo que la abolición de la pena de muerte queda suprimida en beneficio y defensa de una nación), siendo así, es decir, cuando no existe un daño a terceros el derecho a morir voluntaria y dignamente ha de ser reconocido como un bien legítimo. Todo aquello que se salga de esta línea es fruto de una moral fundamentalmente religiosa, donde el sujeto no es dueño de su propia vida porque se encuentra atrapado en un país donde los asuntos personales se mezclan con los del Estado y los del Estado con los fundamentalismo religioso. Eticamente no se podrá avanzar nunca de este modo.

servido por Antonio
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En el más estricto sentido de la palabra, no sé quién soy, ni para qué he venido a este mundo. Igual que tú, he nacido para morir, para ser un trozo de carne que no siente emoción alguna; sé que es triste, pero que la pesadumbre no se adueñe de ti.
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Si tú me quisieras, andaría dos kilómetros por verte todos los días, catorce a la semana, cincuenta y seis al mes... Y un día tras otro, andando sin descanso por verte, por ver cómo y cuánto me quieres, recorrería el mundo entero sin darme cuenta de los pasos que voy dando tras tus pasos. Y no me cansaría nunca.
Si tú me quisieras, peinaría tu pelo el día que a ti te faltaran manos. Y cuando necesitases ser besada, no tardaría en apagar tu apetito. Pronunciaría tu nombre con orgullo, si tú me quisieras.
Te pondría música para que soñaras antes de dormir, te leería cuentos para que fueras feliz, inocentemente feliz, como los niños felices.
Creería en tus pies, en tu manos, en tu vientre dulce, en tu cuello frágil, en tus elegantes caderas y tus manos suaves. Y a ellos me entregaría, si tú me quisieras de principio a fin.
Después de haberte amando una noche cualquiera, olería el perfume de tu sudor, y me acercaría más a ti, humildemente.
Te vería recién levantada, pero si tú me quisieras, elogiaría tus atributos naturales, el color natural de tu piel, el sonido de tus pies descalzos cuando pisan el suelo una mañana de luz.
Si tú me quisieras, borraría tus lunares a golpe de besos, te haría cosquillas en la espalda con la yema de mis dedos y la palma de mis manos, me aprendería el contorno de tu cuerpo como hacen los ciegos y desarrollaría de manera especial el sentido del gusto, el tacto y el olfato para poder reconocerte sin mirarte. Y lo haría por ti, si tú me quisieras como yo quiero que me quieras. Entonces, sería suficiente para los dos, y no haría falta nada más para ser feliz si ambos nos quisiéramos sin llegar a destacar en nada, salvo en querernos.
servido por Antonio
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Me proponen hablar sobre el tiempo, pero no sé yo si al hacerlo sólo servirá para perderlo, suponiendo que el tiempo se pueda perder o ganar, en todo caso se aprovecha o desaprovecha, pero sin mayores repercusiones para los ciclos naturales de la vida. Es decir, que el mundo gira y gira y no se detiene por muchos Kit Kat que nos tomemos, por muchas paradas que hagamos en el camino él transcurre ganándonos siempre la batalla. Resignémonos, porque al final, por muchos intentos que hagamos para comprender en qué consiste el tiempo de nuestra vida, sólo lograremos morir con más dudas de las que nacimos.
El tiempo, claro está, no es el mismo para ti que me lees como para mi que escribo esto, subjetivamente hablando. Hay un tiempo para el que espera, largo y pesado, pues como dice el refrán: “quien espera, desespera”. Y otro tiempo para quien ya ha obtenido y disfruta lo esperado; para ella o él (no quiero yo hacer discriminaciones entre sexos), el tiempo es fugaz y corto, siempre insuficiente cuando disfrutamos de su relatividad y abstracción de forma positiva. Por supuesto, el tiempo no transcurre del mismo modo cuando tienes 5 años que cuando tienes 50 (bueno, en realidad no lo sé porque aún me queda otro cuarto de siglo para llegar a la cincuentena, pero lo supongo). Ni se puede hablar de él sin caer en divagaciones sin sentido, como yo en este instante.
Es importante encontrar nuestro tiempo, nuestro momento de placer en solitario, o en compañía, según preferencias, pero sobre todo, nunca hacer de él una herramienta para la desidia y el tedio, virtudes demasiado grandes como para que puedan soportarse con alegría.
El tiempo es importante, al menos para nosotros que pasamos toda nuestra vida mirando el reloj para saber si llegamos puntuales, si aún no es demasiado tarde para tomarnos el último cubata, para fumarnos el último porro de la noche, para besar esos labios que no se dejan querer a la primera de cambio, y esperas ávido una insinuación para acariciarlos con los tuyos empezando por la comisura. Mientras esperas que esto último llegue, si llega, el tiempo es más eterno de lo que nunca fue.
Mientras el tiempo pasa y el estómago me dice que ya es hora de desayunar algo, os dejo para ver si aprovecháis el tiempo pensando alguna divagación tan inservible como esta.
servido por Antonio
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Para variar, estaba apunto de publicar mi primer post para inaugurar este nuevo blog y justo cuando ya lo tenía casi terminado un fallo en el ordena me lo jode. A ver si aprendo y acostumbro a dejarlo guardado antes.
Como no tengo ganas ni memoria para reproducir textualmente lo que había escrito (me estaba quedando muy chulo, sinceramente), dejo este post como una simple prueba de lo gilipollas que soy. Cuántas veces habré dicho lo de guardarlo antes y nunca me hago ni caso.
servido por Antonio
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